social, configuran un espacio de discusión donde la teoría académica se integra de forma armónica con
la praxis, delineando horizontes de acción consustanciados con las demandas contemporáneas.
Esta reconfiguración epistemológica exige cuestionar con rigor las corrientes administrativas
tradicionales de origen eurocéntrico y anglosajón, habitualmente asimiladas en Latinoamérica de manera
acrítica. El valor de esta edición radica en visibilizar que las prácticas de gestión en sectores diversos —
como la seguridad, la producción agropecuaria o el ámbito escolar— cobran un sentido genuino solo
cuando se arraigan en las particularidades históricas y culturales del contexto local. Al impugnar las
fórmulas universales de la eficiencia corporativa globalizada, este compendio encauza la descolonización
del pensamiento organizativo, erigiendo la dignidad humana, la equidad territorial y la ética comunitaria
como los pilares de toda reforma institucional con pertinencia social.
Por lo tanto, este abordaje transdisciplinario no anula los saberes específicos; al contrario, propicia
una hibridación teórica fecunda donde las ciencias sociales sirven de puente metodológico fundamental.
Esta perspectiva relacional permite descifrar nudos críticos contemporáneos que desafían las fronteras
tradicionales, como la vulnerabilidad afectiva en entornos hiperconectados o la necesidad de una
educación lingüística sociocultural. De ahí que la producción científica de este volumen no describa
pasivamente los fenómenos observables, sino que asuma una postura política afirmativa y emancipatoria.
Sus aportes proveen categorías analíticas orientadas a robustecer las instituciones, empoderar a los
sujetos y tejer un entramado organizativo firmemente arraigado en la justicia social.
Este número inicia su recorrido examinando la gestión creativa e innovación como ejes
fundamentales para la supervivencia organizacional contemporánea, con el estudio de Paula Obando y
Nelson Palomares. Mediante un riguroso análisis que conjuga enfoques documentales, ontosemióticos y
pragmáticos, se valora el hecho creativo no como un atributo individual o cosmético, sino como un
principio dinamizador capaz de articular conocimiento, flexibilidad adaptativa y generación de valor
social. Así, ante entornos volátiles, la creatividad estratégica emerge como competencia medular que
reformula la cultura interna, habilitando soluciones inéditas ante los cambios del entorno. De este modo,
el tránsito desde una eficiencia puramente técnica hacia capacidades ontológicas flexibles encuentra
respaldo en teorías contemporáneas sobre gestión del saber.